La Muerte

Te fuiste sin decir adiós, apareciste en los sueños de algunos tratando de avisar, pero nadie respondió. Te llevaste contigo todos los secretos y la magia, pero nos dejaste enseñanzas y momentos que no se nos olvidarán.


Fuiste parte de nuestras vidas desde pequeñas. Nos diste cariño diferente al que le dabas a los demás, siempre nos cuidaste y trataste de apoyarnos, incluso cuando algo no formaba parte de tus ideas. Nunca fuiste grosero ni duro, al contrario, siempre nos recibiste con una sonrisa. Abriste tu corazón hacia nosotras y nos dejaste llenarlo de amor, cariño, confianza y felicidad.

Siempre nos dijiste cuánto nos querías, pero nunca mencionaste que te irías. Nos acostumbraste a ti, a verte, a tu cariño, a tu risa, a tu presencia… Te convertiste en un ser tan fundamental en nuestras vidas que hasta hoy seguimos sin entender que tu cuerpo ya no tiene vida. La muerte llegó a ti, al fin aprendiste lo que debías para convertirte en luz.

Nunca nos había dolido tanto perder a alguien, siempre nos dolerá no haber luchado más por ti, por tu bienestar.

Incluso el día de tu muerte nos enseñaste: nunca bajes la cabeza, levanta tu voz.

Dejaste una pizca de tu sabiduría y nos cambiaste. Nos enseñaste a amar sin condiciones ni expectativas, a ser unidas y a demostrar lo que sentimos, a entregar amor sin importar recibir nada a cambio, nos enseñaste a ser fuertes y a jamás rendirnos.

Te fuiste, te llevaste la magia, pero nos dejaste un diamante de amor.


 

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